Milei en retroceso: la caída en el ranking de América Latina refleja un desgaste en su imagen

El presidente argentino descendió al puesto 14 en América Latina, en un escenario donde pocos liderazgos concentran altos niveles de aprobación y la mayoría enfrenta un apoyo fragmentado.

La nueva caída de Javier Milei en el ranking de mandatarios de América Latina no es un dato aislado, sino parte de una tendencia sostenida. Según el relevamiento de la consultora CB Global Data, el mandatario se ubicó en abril de 2026 en el puesto 14 sobre 18 presidentes, con una imagen positiva del 36,2% y una negativa cercana al 60%.
El dato cobra relevancia al observar la evolución reciente: en apenas tres meses, Milei pasó de estar entre los diez mejor posicionados a instalarse en la zona baja del ranking, evidenciando un deterioro progresivo en la percepción pública.
En la cima del listado se consolida un grupo reducido de liderazgos fuertes. El presidente salvadoreño Nayib Bukele encabeza la tabla con más del 70% de imagen positiva, seguido muy de cerca por la mandataria mexicana Claudia Sheinbaum. Más atrás aparece Rodrigo Chaves, quien además registró el mayor crecimiento mensual.
Este escenario deja en evidencia una característica del mapa político regional: la concentración de altos niveles de aprobación en pocos dirigentes, mientras la mayoría de los presidentes se mueve en franjas medias o bajas, con apoyos más volátiles.
En el otro extremo del ranking se ubican los mandatarios con menor respaldo, como José María Balcázar, Delcy Rodríguez y José Raúl Mulino, lo que configura un bloque de liderazgos con altos niveles de rechazo.
Dentro de ese esquema, la posición de Milei resulta particularmente significativa. No solo queda lejos del pelotón de punta, sino que además se acerca a la zona crítica del ranking, apenas por encima de países que atraviesan crisis políticas o económicas más profundas.
Las razones de este retroceso son múltiples. Por un lado, el impacto social de las reformas económicas —con efectos desiguales en distintos sectores— aparece como un factor de desgaste. Por otro, la confrontación política constante y la dificultad para consolidar mayorías también inciden en la percepción pública, en un contexto donde los resultados concretos pesan más que las expectativas iniciales.
Al mismo tiempo, el caso argentino no es una excepción dentro de la región. América Latina atraviesa un momento de liderazgos frágiles, con sociedades cada vez más exigentes y menos tolerantes a los costos de ajuste o a la falta de resultados inmediatos.
En ese marco, la caída de Milei puede leerse como parte de un fenómeno más amplio: el de gobiernos que llegan con alto capital político pero enfrentan rápidamente el desgaste que implica gobernar en contextos de crisis.
El desafío hacia adelante será revertir esa tendencia. En términos políticos, no se trata solo de sostener el rumbo económico, sino de reconstruir niveles de confianza en una sociedad donde el respaldo parece cada vez más condicionado.




