
Miles de “boosters sísmicos” usados en exploración petrolera siguen bajo tierra en zonas de Jujuy y Salta, incluso en áreas hoy habitadas

A más de 40 años de su utilización en tareas de exploración petrolera, miles de explosivos continúan enterrados en el norte del país y representan un peligro latente para la población. Se trata de los llamados “boosters sísmicos”, cargas colocadas entre fines de los años 70 y principios de los 80 para estudiar el subsuelo en busca de petróleo.
El problema se concentra principalmente en un corredor cercano a la Ruta Nacional 34, en zonas como Tartagal, Orán y Libertador General San Martín, donde brigadas especializadas trabajan en la detección y destrucción controlada de estos artefactos.
Según estimaciones, en Jujuy podrían existir más de 77 mil cargas distribuidas en amplias extensiones, muchas de ellas hoy dentro de áreas urbanas o productivas debido al crecimiento de las ciudades. En Salta, la cifra sería aún mayor.
Un riesgo real
Lejos de ser un problema teórico, estos explosivos ya provocaron accidentes a lo largo de los años. Las detonaciones pueden activarse por golpes, movimientos del suelo o incluso incendios forestales. En 2022, brigadistas debieron retirarse de un foco ígneo tras registrarse explosiones en plena tarea.
Además, factores como la erosión y las lluvias pueden dejar los artefactos al descubierto o desplazarlos, aumentando el riesgo para quienes viven o transitan por estas zonas.
Un pasivo ambiental pendiente
El caso expone un problema ambiental histórico que durante décadas no tuvo una solución integral. Recién en los últimos años, tras reclamos y el incremento del riesgo, comenzaron operativos sistemáticos para su remoción, en trabajos coordinados por empresas especializadas.
Mientras avanzan estas tareas, la amenaza sigue presente y obliga a convivir con un peligro invisible que permanece enterrado, pero activo.




