LA INDUSTRIA Y LA CONSTRUCCIÓN SE DESPLOMAN Y PONEN EN JAQUE EL MODELO ECONÓMICO DE MILEI

La actividad industrial y la construcción atraviesan uno de sus peores momentos desde el inicio de la gestión de Javier Milei. En julio ambas actividades volvieron a registrar fuertes caídas, mientras crecen las dudas sobre un modelo que apuesta a la apertura económica y al ajuste fiscal como motores de la recuperación.
La industria argentina llega a esta etapa con una capacidad productiva fuertemente deteriorada. Actualmente, alrededor del 40% de las máquinas se encuentran paralizadas y desde diciembre de 2023 se perdieron unos 87.000 empleos formales, mientras más de 4.000 empresas dejaron de funcionar.
Los últimos datos profundizaron el panorama negativo. En julio, la producción manufacturera cayó un 5% respecto de junio, la mayor baja mensual desde el impacto de la pandemia. En el mismo período, la construcción retrocedió un 4,6%.
El deterioro también aparece cuando se compara con julio del año pasado: la industria registró una baja del 4,9% y la construcción del 4,5%. Si se toma un período más amplio, la caída acumulada de ambas actividades supera los dos dígitos.
El problema no es menor. Industria y construcción concentran aproximadamente una cuarta parte del empleo asalariado privado registrado del país. Por eso, el retroceso de estos sectores tiene consecuencias que van mucho más allá de las estadísticas y golpea directamente sobre el empleo, los ingresos y el movimiento de las economías regionales.
La situación también comienza a complicar las expectativas de crecimiento para 2026. Algunas proyecciones privadas ya redujeron la estimación de expansión de la economía del 2,5% al 2,2%, muy lejos del crecimiento del 5% que el Gobierno había planteado inicialmente.
El Ejecutivo mantiene su defensa del rumbo económico y sostiene que el retroceso de determinadas actividades forma parte del proceso de transformación de una economía que busca abandonar el esquema proteccionista y avanzar hacia una mayor apertura y competencia.
Sin embargo, los números empiezan a mostrar una economía con comportamientos muy diferentes. Mientras sectores como la minería, el petróleo y el agro mantienen un fuerte dinamismo, otras ramas vinculadas directamente con el mercado interno continúan perdiendo actividad.
El consumo debilitado, el ingreso de productos importados, el aumento de los costos y las dificultades para acceder al crédito aparecen entre los factores que explican el retroceso de la industria y la construcción.
Frente a este escenario, el Gobierno comenzó a incorporar con mayor frecuencia la palabra “reactivación” en su discurso. También se impulsaron medidas destinadas a facilitar el crédito hipotecario con la expectativa de recuperar el mercado inmobiliario y generar un efecto positivo sobre la construcción.
El cambio de tono llega mientras aumenta la preocupación por el empleo y los salarios y mientras las cuentas públicas obligan al Gobierno a sostener el ajuste para mantener el objetivo de déficit fiscal cero.
El desafío para Milei es cada vez más evidente: sostener un modelo basado en el equilibrio fiscal y la apertura económica mientras una parte importante del aparato productivo continúa perdiendo empresas, puestos de trabajo y niveles de actividad. Los datos de industria y construcción ponen en discusión cuánto puede resistir la economía real antes de que la prometida recuperación llegue al bolsillo y a las fábricas.




